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martes, 27 de mayo de 2008

SEGUNDA PUERTA

Quizás esta lluvia no baje del cielo
sino de la memoria.


Y de repente

(Aún hay un árbol en mi niñez
que siempre quise trepar)



Y de repente encontrar en mi memoria
el misterio de una puerta
que una vez no quise abrir.
Trasponerla y descubrir del otro lado
el otro destino que nunca tomé.
Verme, entonces, bajo la lluvia
de una ciudad desconocida
ignorando el amor de este perro
que silencioso sigue tras de mí.
Y sentir en mi inconsciente que esta calle
me conoce, y que, tras otra puerta que ahora
me detiene frente a sí, pueden estar
los objetos amados de otra casa mía
o el espanto de hallar de nuevo
la realidad del lugar donde siempre
he permanecido.


Naufragio


Con un abrazo
se le rompe la superficie
al hombre que se ahoga.



Somos reales sólo




Somos reales sólo en el pensamiento de un gusano
con alas de papel y patas horribles.
¿Cuándo empezamos a existir en su cerebro
y a qué hora la creación nos hizo de vanos
materiales cerca del humo y la piedad?
El ojo del gusano de abre en el vacío y busca
algo firme donde apoyar nuestra forma.
Rueda entonces un rostro sobre un muro
también imaginado. Cae la razón de la
sonrisa y luego la sonrisa. Cae
la razón de la mirada y luego la mirada;
y ciegos sólo podemos ver la mano del amor
los espejismos rotos del amos, y a lo lejos
un alado gusano que siempre confundimos
con una mariposa.

Posada


Posada, la mariposa duerme
su porción de siglo.
Se extravía en su materia
en el orificio que es.
De pronto, un intento brusco de regreso
de salir de ella hacia este día;
torpes revoloteos en la nada
sólo sus alas están en el presente.


La tortuga



La tortuga es un reloj diminuto
en las arenas. Morir para que sea el tiempo.
Ella crece bajo un huevo marrón
y una esfera cuadrada. Para que sea
el tiempo respira y se abandona
en el ciclo de las piedras y las patas.
La tortuga, si muere, sostiene el infinito
sobre su espalda eterna.


Debajo del vino


Debajo del vino, la pequeña tortuga
que soporta el infinito nos hace creer
en el amor. Ella, en vez de piedra
es un agujero celeste donde una lámpara
inunda de olores luminosos las paredes
profundas. Si tocamos sus bordes
el precipicio se torna de cristal
y el recipiente, del que hemos bebido,
penetra más allá de los ojos
derramándose en alguna grieta
de nuestro dolor. Creer en el amor
y en nuestras manos que apenas nos sujetan
a un pedazo del tiempo.


La manzana



La manzana es atravesada por un sueño enorme
mana sangre de su materia imaginada
luz de su origen flotante, y mana
toda ella de sí misma.
Jugoso reino. Aposento roja y partida
donde beben ríos sus otras dimensiones de estar
y de existir.
La flecha en el vuelo no existe
olvidada la mano ella aún no es
a un instante de una manzana rota.
Entrar y morir en la perpetua posición
del cuchillo. Un pedazo rueda al fondo
del cerebro y crea al otro.
La manzana Es entonces
y huele a eternidad.


El fuego



El fuego sólo pudo derramarse
hasta el final de una fruta.
No pudo derribar el muro que nos
separa de las madres
ni apagar la luz de su torrente.
Vino de atrás, de donde Dios
nos teme.



El ave existe en una jaula de plumas



El ave existe en una jaula de plumas.
En el fondo de su muerte, allá abajo
vuela haciéndose cierta en lo irreal.
También tú si mueres dejas algo real
en lo irreal. En algún lugar de tu vacío
donde solo el pensamiento te creó, existes.
A lo largo de tu muerte hay ranuras
horribles por donde la vida pasa
como una luz presentida.
Si crees en el ave, tú serás el ave
y al nacer en otro horizonte del dolor
querrás volar también
dentro de tu jaula de plumas.
La noche cuelga de la luna


La noche cuelga de la luna y la


tormenta arrastra vestigios de miedo

hasta tu puerta.
La casa es un niño mojado.
Abres la sábana como un viejo portón
y entras a ese espacio
donde siempre crees que vas
sin saber que regresas;
donde sales, entrando;
donde no sientes la lluvia
mientras llueve.

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