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miércoles, 20 de febrero de 2008

PEINADOR DE VIENTOS



(a Chillida, en su muerte)


Peinando el aire con tus hierros
enunciaste espacios infinitos,
ikastolas de lenguas imposibles,
versolaris estáticos del agua.
Te has ido con la palabra y la paz
encerrado en cubos sin aristas,
abierto a la muerte y a los odios
de tu pueblo dolorido y desangrado.
Te has ido con Celaya y con Otero
a seguir descubriendo puertas
por donde hacer pasar los vientos euskaldunes
sin pistolas y sin sangres:
con ese lenguaje de manos y de piedras,
-de hierros abocados al Cantábrico-
que peinan espumas rezumadas
más allá del ínfimo secuestro
de vidas y de ideas.
Peinando aires,
abriendo muros,
soltando amarras,
rompiendo miedos,
Eduardo.

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