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jueves, 24 de julio de 2008

LA EXPERIENCIA

Consejo de madre. Fragmento. Ignacio Díaz de Olano. 1912



Ven p´acá hija mia
que yo soy ya vieja
y ya dí ese paso que tú das agora
y viví esa vida que llamamos güena,
y estrujé mis ojos pa secame el llanto,
que a juerza de llanto m´entro la experencia.

Mi Juan mesmamente paece un chiquillo,
y tú eres mu nueva,
y sus queréis mucho, y tenéis ajorros,
y estáis mu solitos dambos en la tierra...
¡y este pícaro mundo es tan güeno
con los que así empiezan...!
Con cosinas durces sus va engatusando,
sus tapia los ojos,
sus jace promesas,
y aluego se rie,
dispués que sus ceba
y sus eja solos erramando jielis
por el sumiero de vuestra concencia.

¡Hia de mi arma, si paice mentira
que ya estéis casaos dambos po la Iglesia;
si a mí me paece que sois dos muñecos
entavía, Teresa,
pa dirse con tiento pa gastá los cuartos,
p´atendé a los gorpes de las desigencias,
pa jacé, jormales, el troncón robusto
d´una nueva casta que dé castas nuevas;
unos chirivines que páescan d´azogue,
qu´estrujen, qu´arañen, que muerdan la teta,
que lloren con genio, qu´estrocen, que chillen,
que jagan pucheros al jacegle fiestas...

¡Míala cómo jimpla la recandongona
cuando se le palra de cosinas tiernas!

Ejate de mimos
y delicaësas,
¡si ya estáis casaos
dambos, po la Iglesia!

Ascucha hija mía,
y no t´encapriches con tu comenencia,
que la vida es corta,
mu corta y mu güena
pa los que vivimos de nuestro trebajo
y estamos contentos con nuestra pobreza.

Hay que ver y cómo refalan los días,
y pasan los años,
y s´hace una vieja,
rebuscando siempre lo desconocío,
siempre suspirando por cosinas nuevas.

Primero la noche d´estar dambos solos
con nuestras querencias,
y endispués los hijos, y endispués los nietos,
y endispués el pago de nuestra concencia.

Mi Juan es un santo;
tié sus cosiquillas como tié cualquiera;
pero le tiés ley y tiés mucha labia
y sabrás llevagle por güena verea;
porque miá tú, hija, aquí pa nusotras,
toitos los hombres son como si jueran
unos muñequinos d´esos bailarines
qu´un jilillo jace danzar, en la feria;
nusotras los vemos, mus encaprichamos
y mercamos uno, a tontas y ciegas,
sin que mus endilguen los revendeores
de los chismecitos, qu´enganchan la cuerda.

Y es claro, qu´aluego
¡que si quíes, morena!
qu´icen que no bailan,
que no se menean,
que t´andas espacio pa dir a enterate,
y que ya se jueron los tíos de la feria...
y anda, ponte moños,
¡buscale el risorte
de la bailaera!

Tamién las mujeres semus como semus,
mu dás a los lujos de las vestimentas,
desajeraoras y amigas de chismes
y de requilorios y de cuchufletas.

Tú, hija mia, precura
seguir las leciones que da ña experencia,
que yo te iré iciendo lo qu´has de jacete
pa que vos resulte la vida mu güena.
Amos a ver, mía: esta mesma noche,
asín qu´arrematen los mozos la fiesta,
sus diréis pal cuarto, pus bien...

¡Ay qué contra, y qué mimosina
t´has güerto, Teresa;
¡si ya estáis casaos
dambos, po la Iglesia!

EL NOVIAJO


I
Tocan las campanas
la gente s´alegra.
Unos güenos mozos, cantando flamenco,
jacen gorgoritos en una taberna.

Tocan las campanas,
tocan dando güertas,
qu´asin tocan siempre
los días de fiesta.

Hay riñas de gallos
en la resolana de las corraleras
y en el altozano, junt´a los ceviles
unos zagalones se juegan las perras.

Los viejos s´apiñan,
s´apiñan las viejas
jaciendo la bulra
de la gente nueva.

S´arriscan las mozas,
y van peripuestas
luciendo los guapos
pañuelos de sëa;
goliendo a manzanas,
goliendo a camuesas.

Van en carrefilas, jaciendo pinitos,
camino e la iglesia...
Y yo, qu´era malo, más malo qu´un vendo,
me voy detrás d´ellas.

Me voy detrás d´ellas sin ver a los gallos
que riñen los mozos en las corraleras;
sin tomá las once,
sin jugá las perras.

Me voy tras las mozas
porque vá con ellas,
la que yo dinguelo,
la que me dinguela.
con sus ojos negros de mirás mu tristes
con sus ojos tristes de mirás mu negras.

Yo qu´era tan malo,
me voy pa l´iglesia
sin tomá las once,
sin jugá las perras,
sin dir... a las riñas
de las corraleras.

¡Que jormá te pones! - me icen los viejos,-
¡que güeno qu´eres! - me icen las viejas-
¡Chacho! ¿que t´ha dao? - me icen los mozos
dende la taberna.
M´ha dao la vía,
la vía qu´es güena
cuando se trebaja
por una querencia,
cuando por un argo, que llevamos drento
se sufre y se pena;
cuando, de roillas,
drento de la iglesia,
rezando, lloramos
sin danos verguenza.
La quiero y me quiere,
espero y espera
jasta que yo junte pa dale las donas,
jasta qu´ella s´haga´l ajuá con la hijuela.

Tocan las campanas,
la gente s´alegra.
Mi novia va a misa;
yo voy detrás d´ella,
y alli, mesmamente delante del Cristo,
jincao en la tierra,
rezando las cosas qu´a mi m´enseñaron
cund´iba a la escuela,
una vos me ice: ¡sé güeno y trebaja!;
y otra vos me ice: ¡trebaja y espera!

II
¡Qué güena y qué santa!
Qué santa y qué güena!...
Con lo que me quiere, ni siquiá me mira
drento de la iglesia.

Por eso me icen
qu´a mí me disprecia
porque no me mira
drento de l´iglesia.

¡Juy, que cacho e brutos!
¡Juy, que mal que piensan!
Si mesmitamente
lo qu´a mí m´alegra
es que no se istraiga,
es que no m´atienda,
pa qu´asin la Virgen mus dé de seguía
lo qu´ella la pie ca ves que la reza.

III
Cariños mu jondos son dambos cariños,
querencias mu jondas son dambas querencias.

Cuando con la jacha
descuajo en la jesa,
las ramas se runden,
la jacha se mella,
y yo, que soy juerte,
me queo sin juerzas...

Cuando yo la vide
po la ves primera,
preciìó la cosa de nuestro noviajo
con nuestros quereles y nuestras querencias.

Yo sé qu´el cariño d´ella no se runde,
ni el mio se mella,
que semos más duros que los arcornoques
y más que los jierros de las jerramientas.

¡Qué juerza más grande llevamos por drento!
¡que juerza, qué juerza!

Cuando con el burro salgo mu templano
camino e la jesa,
siempre me la encuentro
barriendo la puerta;
y siempre me ice: - ¡Anda con Dios hombre!-
y siempre le igo: - ¡ Quéate con Dios Petra!-
y le doy al burro pa qu´ande más listo,
y ella barre, barre, mucho más depriesa...

Y si, ya mu lejos,
güervo la cabeza,
me mira y se rie
con esa risina que tanto m´alegra...

¡Qué trebajaora!
¡Qué guapa y qué güena!
¡Si paece mentira
que tanto me quiera!

Tocan las campanas
tocan dando güertas...

Unos güenos mozos, cantando flamenco,
jacen gorgoritos en una taberna.

Hay riñas de gallos
en la resolana de las corraleras;
y en el artozano, junt´a los ceviles,
unos zagalones se juegan las perras...

¡Juy, que cacho e brutos!
¡Juy, que mal que piensan
creyendo que asina son las diversiones
de la gente nueva!

Y ¡es claro!, por eso, ¡qué corcio!, me icen
qu´ella me disprecia
porque no me mira
drento de la iglesia
con sus ojos negros de mirás mu tristes,
con sus ojos tristes de mirás
mu negras.

COMPUERTA


Corre´l tren retumbando por los jierros
de la via. Retiemblan
los recios alcornoques qu´esparraman
al reor del troncón las hojas secas.
juyen las yuntas cuando´l bicho negro
silvando traquetea.
S´enmorona un terrón y el jumo riñe
con las ramas d´encinas que l´enrean...

Vusotros que´ajuís pa no sé aonde
no queando´n los jierros ni las juellas,
vusotros qu´asomaus a las ventanas
guipaís las foscas y arrogantes jesas
y las jondas colás con sus regachos
y la tierra e labor onjuta y seria
donde rumian su pan unos gañanes
del coló de la tierra.

Vusotros qu´atendéis a las lerturas
y séis tan sabijondos en las cencias
que quizás nus larguéis de carrerilla
y en romances jazañas extremeñas
que los nuestros ejarn sin contaglas
endispués de jaceglas.

Vusotros los que váis dendro del bicho
que juyendo retumba y traquetea,
¿no sentís al pasá junto por junto
al mesmo corazón de nuestras tierras
argo asín com´un juerte deseo
que s´eschanguen del chisme toas las rueas
pa queäros aquí, junt´a nusotros
pa endurzá una mijina nuestras penas,
pa rumiá nuestro pan y p´ampaparos
en la sal del süor que nus chorrea?

Vusotros corriendo, mu corriendo,
sin queär en los jierros ni las juellas,
qu´asina como ´l tren vais por la vida,
retumbando y depriesa...

Si n´os podéis pará, meté pal bolso
este cacho e libreta
y al pasá por aquí mirá pal cielo,
y endispués pa la tierra.
y endispués de miranos con cariño,
precipiar a leegla;
porqu´ella sus dirá nuestros quereles,
nuestros guapos jorgorios, nuestras penas,
ocurrencias mu juertes y mu jondas
y cosinas mu durces y mu tiernas.

Y sus dirá tamién como palramos
los hijos d´estas tierras,
porqu´icimos asina: - jierro, jumo
y la jacha y el jigo y la jiguera.

Y tamién sus dirá que semos güenos
que nuestra vida es güena
en la pas d´un viví lleno e trabajos
y al doló d´un viví lleno e miserias;
¡el miajón que llevamos los castüos
por bajo a la corteza!

Porque semos asina, semos pardos
del coló de la tierra
los nietos de aquellos machos que otros días
trunfaron en América.

miércoles, 23 de julio de 2008

LUIS FLORENCIO CHAMIZO TRIGUERO



Poeta extremeño, nació en Guareña (Badajoz) el 7 de noviembre de 1894 y murió en Madrid el 24 de diciembre de 1945. Su padre Joaquín Chamizo Guerrero, natural de Castuera, era de oficio fabricante de tinajas (grandes envases para la fermentación y el contenido de vinos); su madre, Asunción Triguero Bravo, natural de Guareña, es por quien le vino la vena poética a Luis. Recibió los cursos primarios en Guareña, al parecer, por el maestro Don Diego López. Muy joven frecuenta el despacho de su padre y a escondidas escribe sus primeros poemas amorosos.
El padre de Chamizo comenzó su vida pobremente. Era un hombre bueno, era un hombre valeroso. A él dedicó su hijo Luis el libro «El miajón de los castúos» El oficio de alfarero, tiene ya un hálito de creación lírica. Sobre rápidos giros del barro humedecido, que acaricia con sus propias manos, van surgiendo curvas opulentas o suaves, breves o amplias, hasta que aparece el búcaro femenino, la orza humilde, el jarrón aristocrático, sin olvidar esas tinajas de exagerado vientre sanchopancesco, donde el vino oculte néctares sabrosos, tan codiciados. De la tinaja oronda, tradicional, se pasó a la moderna cilíndrica, gracias al genio revolucionario del padre de Chamizo.
El poeta, va entretanto, creciendo en un medio familiar más agradable. Escribe. Copia la manera de hablar de sus operarios. No hemos conocido a Chamizo en estas andanzas y preparativos, donde se iba moldeando su espíritu, no en el disco giratorio del alfarero, sino en las rápidas vueltas del tiempo, donde su alma de poeta se modelaba, con el alado lodo de la palabra, en ánforas de ilusiones, hasta concebir la forma impoluta de sus poesías populares. Recitaba sus poesías admirablemente.
Se traslada a Madrid y cursa el Bachillerato que finalizará en Sevilla, donde también obtiene el Título de Perito Mercantil. A los 24 años se licencia en Derecho, acaba su formación universitaria y regresa a Guareña y se dedicó a la venta de conos, especialmente en la provincia vinícola de Ciudad Real. Después de terminados estos viajes, marchó a Don Benito de pasante con el notario D. Victoriano Rosado Munilla. Este señor conoció algunas de sus poesías y lo presentó al notable periodista y pariente suyo D. José Ortega Munilla, colaborador de A B C y de otros diarios, su futuro padrino y prologuista de El miajón de los castúos. Obra poética de Chamizo, que tanto entusiasmó al hombre de Estado D. Antonio Maura.
Chamizo escribió la poesía «Consejos del tío Perico» para acudir a unos juegos florales de Almendralejo. Tenía la ilusión de obtener la flor natural. En verdad su poesía significaba una nueva manera del decir popular, en armonía con hondos sentimientos del deber y el trabajo. La desilusión de Chamizo llegó pronto. El premio recayó en unos versos vulgares y él alcanzó un modestísimo accésit. No se hizo Chamizo cantor, nació poeta. Poeta popular. En aquellos campos de Extremadura, los días festivos, reuníase numerosos labriegos con sus familias, y, a veces, escuchaban emocionados de labios del poeta sus lirismos populares y castúos.
Colabora en el periódico "La Semana" en Don Benito y en ratos libres, inicia su "aventura" en habla castúa componiendo versos a los parajes de Valdearenales, sus gentes, y a la tierra que le vio nacer. En 1921 marcha a Guadalcanal (Sevilla) y conoce a Virtudes Cordo Nogales, bella joven, con quien contrae matrimonio al año siguiente. Tuvieron cinco hijas, Luisa, Victoria, Virtudes, Consolación y Asunción.
La carta del notable estadista don Antonio Maura, dedicada a Chamizo, es digna de reproducirse, si no toda, los párrafos más salientes: «Señor don Luis Chamizo. Muy señor mío: Llegó a mis manos hará luego veinticuatro horas, el tomo que usted tuvo la bondad de dedicarme y regalarme, titulado El miajón de los castúos. Acabo en este instante de leerlo, y con toda verdad le digo a usted que no recuerdo en muchos años lectura que me haya agradado más. He de agradecerle a usted, por tanto, no sólo la fineza del obsequio, sino el grandísimo deleite espiritual de una poesía tan caudalosa, tan ingenua, tan delicadamente sentida, tan limpia de los rancios afeites que suelen mezclarse con la vena de quienes la tengan, cuando no sustituyen, en muchos otros hacedores de versos a la vena misma. Me honrará mucho si me permite llamarle amigo y si por tal me acepta. A. Maura. 13 de febrero de 1921.»
Cuando Chamizo había alcanzado fama con el bagaje de sus poemas regionales, en la plenitud de su vida, estuvo en Badajoz, donde los amigos y entusiastas le ofrecieron una comida fraternal y, de sobremesa, recitó varias poesías. El poeta se transfiguraba al declamar. De aquel rostro de líneas elegantes surgía una voz enérgica, viril, entonando en el duro lenguaje extremeño amores y desgracias. Era un decir popular tan sincero, que realzaba el valor de sus poemas.
El 7 de abril de 1924 es elegido circunstancialmente, alcalde de Guadalcanal. Y al poco tiempo es nombrado académico de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla.
En 1930 fue homenajeado en Madrid por el estreno de "Las Brujas", acto que presidió el Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente. En los primeros meses de la guerra civil (1936—39) estuvo oculto en Guareña, en uno de los hornos de cocer los conos. Por las noches, visitaba a los suyos. De haber estado en Guadalcanal, donde fue alcalde durante la dictadura del general Primo de Rivera, lo hubiera pasado mal. Terminada la Guerra Civil marcha a Madrid e ingresa en el Sindicato de Espectáculos consiguiendo un sueldo por el Estado. En la calle madrileña de El Escorial, 15, da clases de declamación totalmente gratis.
El 24 de diciembre de 1945, fallece a los 51 años en Madrid. 49 años después del día de su muerte, el 7 de noviembre de 1994, (cuando se cumple la fecha del centenario de su nacimiento) y gracias al pueblo de Guareña, sus restos son trasladados al Cementerio Municipal para el resto de los siglos, cumpliéndose su deseo.