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miércoles, 27 de febrero de 2008

TODOS TENDREMOS PARA PAGAR LA ENTRADA


Canalizaremos nuestras lágrimas
y regaremos nuestra hacienda:
hemos llorado en el desierto.
Se acuñará la lágrima
como se acuña el oro.
Y un hombre sin llanto será una bolsa vacía.
Pero todos tendremos para pagar la entrada.
Y en la gran fiesta del juicio final
nos sentaremos junto al Padre con el arcángel
como los héroes y como los santos.
Yo soy el hijo de mi carne, de mi predio,
de lo que da mi cuerpo: lágrimas.
El hombre es hijo de sus lágrimas...
y Dios no da nada de balde.
Todo se paga con sangre y con el sudor de la sangre,
¡con llanto, con llanto!
y se gana la luz... como se gana el pan.
No hay gracia:
la gracia es rédito o es préstamo.
No hay limosna:
que nadie paga más caro su pan que los mendigos.
El halo del santo, como el laurel del héroe,
no es una merced... es una conquista.
Y el simple...
también paga su gracia.
Hay una puerta que Dios no puede abrir
y un murallón que no puede tumbar.
Ahora soy yo quien tiene que descubrir salidas y horizontes,
y Dios no puede hacer más que esperar... ¡que esperarme!

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